
Procuro habitualmente ser positivo en este espacio de David. Procuro no quejarme ni hacerme la víctima. Pero hoy necesito decir que todo es una mierda. Y tengo claro que lloro por mí, no por David. Porqué quiero creer que él está bien, esté donde esté, que está mucho mejor que nosotros. Porqué quiero creer que somos alguna cosa más que materia. Me repito que es imposible que nuestra esencia, alma o conciencia sea sólo el resultado de unos procesos bioquímicos. Y por eso le ruego a David que me perdone si de vez en cuando me dejo llevar por mi humanidad de mente limitada y me desahogo, entre la tristeza, la rabia, el resentimiento.
No sé porque, pero vuelvo a añorarlo mucho, de manera insoportable a veces, y a preguntarme porqué nos ha debido pasar esto. La habitación siempre esperando a un niño que ya no volverá, la silla a mesa siempre vacía, su ropa que no se mueve del armario, las tardes cuando no llega a casa, planificar cualquier proyecto de vida sin él, sus gustos y aficiones arrinconados, los recuerdos de momentos y sensaciones tan presentes. Todo era perfecto, todo era para siempre. Tengo la sensación de que cada minuto del día está a mi pensamiento que nos ha dejado por siempre jamás; y a veces, es demasiadas duro. Y sí, claro que decido seguir viviendo y voy encontrando motivos por hacerlo con ilusión y para entretenerme, píldoras de evasión que van perfecto por mantener un cierto bienestar diario y para recibir y dar amor y amistad a quienes me rodean. Pero, de vez en cuando, es que no me sé hacer a la idea. David era tan majo que hay días en los cuales no soporto su ausencia, ni su muerte aparentemente injusta y demasiada prematura. ¿Como puede que se haya muerto mi niño? Añoro tanto los momentos vividos. Soy consciente de que aquel niño ya no sería ahora el que yo recuerdo, y que el pasado siempre es pasado. A veces esto me consuela. Y también me consuela comprobar que, aun cuando la vida es bonita, también es dolor y sufrimiento y que al menos él, se la ha ahorrado. Pero sólo a veces. Y vuelvo y vuelvo a mi infinita añoranza. Y rabia. Y tristeza. Sigo viviendo con dignidad, procuro aprender a abandonar estos sentimientos que sólo forman parte de la parte más oscura de nuestro ego, de nuestro yo mental, aquel que dicen que nos ancla al pasado por mantener su control sobre nuestra conciencia. Pero hoy, sólo hoy, necesitaba por una vez expresar todos estos sentimientos que también forman parte del día a día.
Y pienso: ¿qué quiere decir superar la muerte de un hijo? Quizás no nos damos cuenta de la crudeza de las palabras. ¿Superar la muerte de un hijo significa recuperar una vida llena y satisfactoria? No nos engañemos, esto trae implícitamente al subconsciente a pensar que dejamos atrás nuestro hijo, a que es como abandonarlo. Y yo no quiero afrontar este dilema perverso. Nadie quiere superar la muerte de un hijo. En todo caso, puedo admitir que la palabra 'superar' no quiere decir lograr una meta, ganar una carrera a la vida. Quiere decir aceptar el vacío. Simplemente esto. Y creo que es esta aceptación la que permite lograr bienestar. Y esta tarde me doy cuenta que esto, ya es mucho.
En fin, hoy es viernes por la tarde, y estoy triste otra vez. Perdonad si hoy no puedo transmitir buenas vibraciones.
No sé porque, pero vuelvo a añorarlo mucho, de manera insoportable a veces, y a preguntarme porqué nos ha debido pasar esto. La habitación siempre esperando a un niño que ya no volverá, la silla a mesa siempre vacía, su ropa que no se mueve del armario, las tardes cuando no llega a casa, planificar cualquier proyecto de vida sin él, sus gustos y aficiones arrinconados, los recuerdos de momentos y sensaciones tan presentes. Todo era perfecto, todo era para siempre. Tengo la sensación de que cada minuto del día está a mi pensamiento que nos ha dejado por siempre jamás; y a veces, es demasiadas duro. Y sí, claro que decido seguir viviendo y voy encontrando motivos por hacerlo con ilusión y para entretenerme, píldoras de evasión que van perfecto por mantener un cierto bienestar diario y para recibir y dar amor y amistad a quienes me rodean. Pero, de vez en cuando, es que no me sé hacer a la idea. David era tan majo que hay días en los cuales no soporto su ausencia, ni su muerte aparentemente injusta y demasiada prematura. ¿Como puede que se haya muerto mi niño? Añoro tanto los momentos vividos. Soy consciente de que aquel niño ya no sería ahora el que yo recuerdo, y que el pasado siempre es pasado. A veces esto me consuela. Y también me consuela comprobar que, aun cuando la vida es bonita, también es dolor y sufrimiento y que al menos él, se la ha ahorrado. Pero sólo a veces. Y vuelvo y vuelvo a mi infinita añoranza. Y rabia. Y tristeza. Sigo viviendo con dignidad, procuro aprender a abandonar estos sentimientos que sólo forman parte de la parte más oscura de nuestro ego, de nuestro yo mental, aquel que dicen que nos ancla al pasado por mantener su control sobre nuestra conciencia. Pero hoy, sólo hoy, necesitaba por una vez expresar todos estos sentimientos que también forman parte del día a día.
Y pienso: ¿qué quiere decir superar la muerte de un hijo? Quizás no nos damos cuenta de la crudeza de las palabras. ¿Superar la muerte de un hijo significa recuperar una vida llena y satisfactoria? No nos engañemos, esto trae implícitamente al subconsciente a pensar que dejamos atrás nuestro hijo, a que es como abandonarlo. Y yo no quiero afrontar este dilema perverso. Nadie quiere superar la muerte de un hijo. En todo caso, puedo admitir que la palabra 'superar' no quiere decir lograr una meta, ganar una carrera a la vida. Quiere decir aceptar el vacío. Simplemente esto. Y creo que es esta aceptación la que permite lograr bienestar. Y esta tarde me doy cuenta que esto, ya es mucho.
En fin, hoy es viernes por la tarde, y estoy triste otra vez. Perdonad si hoy no puedo transmitir buenas vibraciones.




