Paciència...
Blog de David en castellano: 2009

Blog en castelleano (en construcción)

12 AÑOS DE FELICIDAD Y UNA ETERNIDAD DE LUZ Y DE AMOR. DÉCIMO AÑO: 2004


Remontando



Sí. Llega un día que remontas. Al menos, así lo he vivido yo. Tras dos años de un dolor atroz, un dolor que parecía inacabable, martirizante, obsesivo, algo ha pasado últimamente que me ha permitido volver a ilusionarme con la vida. No sé como lo he hecho, no sé qué he elaborado, pero ahora siento que llevo a David de otra manera. Dentro mío estará vivo para siempre. De vez en cuando, el dolor vuelve a visitarme, estremecedor, pero ya no ocupa de manera obsesiva todas las horas del día; y cuando pienso en David, a menudo es con ternura y con una inmensa sonrisa interior. Y con mucha emoción. Porque tengo la íntima sensación de que gracias a él estoy aprendiendo, poco a poco, a afrontar las adversidades y las ilusiones, que siempre, siempre, van llegando, alternándose, unas y otras.

Tengo ganas de vivir otra vez. Vivir sin miedo y con más autenticidad, con todo el que he ido incorporando estos meses, mientras buscaba desesperadamente respuestas fuera y en mi interior. Y quiero creer que David está satisfecho y orgulloso de mí.

Me gustaría ser tres años atrás, con todo el que tenía enotnces y viviendo como ahora soy. Pero acepto que es absurdo pensar esto, porque la vida tiene una secuencia lógica de las cosas. He aprendido a no poner resistencia a las emociones, pero también intento no dejarse anular por ellas.

Me ha costado mucho escribir esto. Aunque ahora vuelva a mirar a la vida y que ahora David no ocupe el centro absoluto de mi pensamiento, Él siempre está conmigo. Pocas cosas son para siempre. Pero esto estoy convencido de que es una. No me gusta la palabra "superar". No quiero superar nada, no quiero pasar página. Pero si que creo que se puede remontar. Y volver a vivir.


Anhelo de vivir



Es Grau es como un pueblo de juguete. Como una maqueta imaginaria e idílica de un lugar que yo creía imposible en nuestro entorno.

Situado en su punto más oriental de la isla de Menorca, Es Grau es el primer lugar del Estado por donde sale el sol cada mañana. Las pequeñas y sencillas casas blancas, luminosas y siempre encaladas, se agolpan las unas sobre las otras con caótica armonía como si no quisieran arrebatar más espacio del necesario a la naturaleza. A un lado de la bahía, al pequeño pueblo lo rodea una inmensa alfombra de un verde intenso, una garriga de arbustos y flores acostumbrados a desafiar el viento cargado de sal marina, y que se extiende hasta el límite del abismo, por encima de acantilados escarpados, amenazadores y llenos de espuma blan ca los días de tramontana, donde se esconde la Cala Avellana, que si te dejas llevar por la imaginación infantil, parece digno refugio de nobles piratas. El otro lado de la bahía, más dulce, guarda a cobijo del viento diversas calas pequeñas, a menudo solitarias y de nombres evocadores, de aguas que invitan, cálidas y de tonos turquesa. Como todo pueblo de juguete, también tiene su isla, la Isla d'en Colom, todavía virgen, justo presidiendo la salida al mar de la bahía y habitada por miles de huidizas lagartijas menorquinas, y desde dónde se puede ver, lejano, el bello faro de Favaritx, que con melancolía, evoca historias de pescadores, no siempre de final alegre. Y finalmente, detrás la playa grande, nos sorprende un parque natural alrededor de una albufera, un lago interior de agua salada por donde el sol se pone, lánguidamente, cada tarde. Todo invita a vivir.

Esta tarde he salido a correr por estos parajes y he acabado con un baño solitario en la cala de l'Espardenyeta, la más pequeña de la bahía, justo delante del pueblo iluminado de manera casi mágica por los últimos rayos de un sol ya escondido detrás las colinas. Anni me ha llamado desde el punto más alto de los acantilados, donde había ido sola a disfrutar, como sólo ella sabe vivirla, de la puesta de sol. Mientras yo volvía satisfecho por el esfuerzo, por el fresco y por la calma, andando descalzo por la larga playa, me he cruzadocon alguna familia paseando con sus niños pequeños, con pandillas de jóvenes jugando a volei o a fútbol, incluso con Anna y su pandilla, disfrutando de las últimas horas de luz, en un lugar privilegiado, un lugar y un tiempo bendito por la varilla mágica de la vida. Y como no, con David inevitablemente a mi cabeza, a mi corazón, constatando en este momento y en este lugar donde todo invita a vivir, todo lo que yo imagino que se ha perdido, una existencia única truncada demasiado prematuramente y que se preveía llena de momentos como este. Y mientras me dejaba llevar por estos sentimientos dolorosos, he visto a Anna, tan feliz, y me he obligado a dejar a un lado este dolor, a sonreír, y a intentar disfrutar de las buenas sensaciones del momento. Y me he dado cuenta que poco a poco, y ya desde hace un tiempo, voy recuperando el anhelo de vivir.


Volver a ser padre



Tras dos años, este mes de Julio he vuelto con Anna a un par de parques de atracciones. Durante este tiempo, Anna ha sido muy paciente. Pero ya hacía días que de manera tímida y respetuosa me pedía cuando podríamos volver. Finalmente, he reunido el valor y el deseo necesario por hacerlo. Ya es hora de permitir a Anna de recuperar una parte de la infancia que ha perdido estos dos años, cuando menos la infancia que ella conocía. Siento que durante estos dos años no ha tenido padre, al menos, aquel padre al que estaba acostumbrada. Intento desde hace días volver a implicarme emocional y completamente con ella, a tope, sin justificarme a mí mismo para impedirme de hacerlo.

Y esta era quizás la parte culminante de todo este proceso. Volver a un parque de atracciones. El otro día al Tibidabo y esta semana al WaterWorld. Y creo que hemos salido airosos. Hemos ido juntos, solos ella y yo. La he visto respetuosa con mi estado de ánimo primero, y radiante y feliz después. No le ahorrado ni un capricho, ni un deseo. Hasta que ha tenido suficiente, como aquel que se empacha después de un ayuno forzoso y prolongado. Para mí, no había nada más al mundo que pudiera perturbar la dedicación de mi tiempo a su felicidad.

Aún así, he comprobado que me puedo volver a dar, pero que yo ya no lo viviré igual nunca jamás. Estos dos días, he sido un padre que desvía parte de su tiempo a una actividad que desean sus hijos, pero no aquel Natxo para quien aquello ERA SU PROPIO DESEO. Con la coraza bien robusta y entrenada, he podido compartir espacio con cientos de otros niños y adolescentes enloquecidos por la diversión. Sin dolor, pero con el recuerdo de David omnipresente, por lo que él fue, por lo que vivimos en Budapest y por lo que se ha podido perder.

Pero estoy contento por Anna. Ha sido muy feliz, y lo ha manifestado reiteradamente de manera explícita. Y eso compensa mucho. En fin, poco a poco voy recuperando el papel de padre. Y con él, el placer de la paternidad, también lo he de admitir. Aunque a veces sea una sensación agridulce, puesto que este placer inmediatamente implica dolor por la otra media paternidad perdida. Supongo que me debo permitir más disfrutar de las buenas sensaciones. Por mí, y en este caso, también por Anna

Dulces recuerdos




A veces, me permito abandonarme a los recuerdos...

Te recuerdo más pequeño, David
cada noche leíamos un cuento y al acabar,
yo cerraba el luz, mientras, bostezando,
me decías "papi, no te vayas".

Y yo siempre me echaba un rato, feliz, a tu lado
a oscuras, la noche plácida nos abrazaba
yo acariciaba tu pelo y tu dulce cara.

Y en aquel silencio, cada noche sentía la plenitud absoluta,
estar a tu lado, sentirte tan cerca,
tu aliento, tu calidez, tu tranquila seguridad

Y lentamente ibas adormeciéndote,
serenamente, me dejabas por unas horas,
pero yo tenía la dulce certeza que al día siguiente volverías.

Preguntándome a menudo por qué había sido tan afortunado
me levantaba sin hacer ruido,
suplicando a Dios que nunca te separara de mí
y rogando, a escondidas, que te bendijera para siempre.

Un beso en medio de tu primer sueño,
cada noche, tiernamente, t'arropaba con las sábanas.
Buenas noches, David, hijo mío, hasta mañana...


Realidad




Ya se ha acabado el mes de mayo y con él, estas fechas que todo lo han removido, que todo lo han arrasado, que me han dejado agotado emocionalmente. Ya estamos en junio y esto continúa, empieza el tercer año... Pero, el tercer año, de qué?

Tengo la sensación de que poco a poco se han ido acabando aquellos días en qué llorar con amargura o sentir un dolor muy lacerante formaba parte de la normalidad cotidiana. Parecería que encaja con todo el que he leído de las fases del duelo, pero yo no quiero identificarme con ellas, porque mi duelo es intransferible, y además, no quiero curarme de nada, porque no sé muy bien que puede significar esto. Y en lugar de querer cerrar etapas, he pasado y me paso mucho tiempo buscando respuestas, respuestas a lo que parece no tener ningún sentido, respuestas a cómo podré pasar lo que me resta de vida, a cómo podré llenar esta ausencia que a menudo llena de vacío el más profundo de mi ser. Y la única certeza que tengo es que nada no volverá a ser como antes, NADA.

Aún así, poco a poco voy aceptando, con más humildad y también cierta esperanza, que quizás sí que puedo llenar este vacío. Que quizás David está más cerca de lo que pienso y me va invitando a compartir tiempo y espacio de otra manera. Pero entonces me doy cuenta que mi principal enemigo soy yo mismo. Primero, porque mi mente se encarga de manera casi permanente a obsequiarme con recuerdos, algunos de los últimos días de aquel mes de mayo, los cuales me hacen sentir un terrible dolor, y otros, infinidad de otros, que me llevan a días tiernos, seguros y felices, y que entonces me llenan de añoranza. Pero no sólo esto. Cuando intuyo que la existencia humana puede trascender a la finitud que siempre nos han hecho creer, mi mente me ofrece una dosis inacabable de dudas y me hace creer que la realidad sólo es aquella que puedo percibir con las sentidos. Y pese a las numerosas evidencias que David me ha regalado para decirme sutilmente que sigue muy cerca, esta mente tan terrenal también tiene una habilidad especial por esconderlas en algún rincón.

Entonces intento pararme y recordar. Hago inventario y compruebo con cierta excitación que estas pruebas han sido numerosas, evidentes, cálidas. Las he ido escribiendo por no olvidarlas, pero si de verdad quiero, no me hace falta releerlas. Si hago un esfuerzo, puedo recordar con precisión visitas en sueños y sobre todo, sincronicidades abrumadoras y balsàmicas. ¿Y porqué no me puedo convencer definitivamente que podemos trascender a la muerte? Pensar proporciona un sosiego muy reconfortante en comparación con la desesperación de creer que todo acaba y no queda nada.

Y quiero dejar constancia que cada vez creo más firmemente que el que percibimos como realidad seguramente no tiene nada a ver con la Realidad. Y que como ser humanos terrenales, tenemos una arrogancia sorprendente cuando pensamos que nuestros limitados sentidos y uestro escaso conocimiento puede explicar toda la existencia del Universo desde un punto de vista material. Yo no sé concebir un mundo sin tiempo ni espacio, lo cual no quiere decir que no pueda ser. Y es que tampoco concibo que haya un principio y un final. Alguna vez me han dicho que quizás hemos sido escogidos por empezar a vivir de otra manera, a entender que formamos parte de una realidad más grande y maravillosa de la que siempre hemos creído conocer. Hasta ahora siempre me había enrabiado con esta sugerencia, pero poco a poco, voy pensando... ¿y porque no ?

Y entonces siempre viene David a mi mente. Y sonríe.

25 de Mayo. Segundo año




"Are you really here or am I dreaming
I can’t tell dreams from truth
for it’s been so long since I have seen you
I can hardly remember your face anymore

When I get really lonely
and the distance causes only silence
I think of you smiling
with pride in your eyes a lover that sighs"

21 de mayo (2)

Llegamos. Es un lugar muy antiguo, muy tranquilo. Cogemos las cosas y entramos. No hay ningún mostrador, ninguna recepción, sólo un largo pasillo.
Aquel pasillo.
Al final del pasillo está Carme. A medida que nos vamos acercando, ya veo a su cara que algo terrible pasa.
- "Debéis ser fuertes. Debéis ser fuertes..."

A partir de aquí los recuerdos ya son confusos, como flashes de conciencia en medio de una anestesia por la atroz desesperación. Alguna parte de mí se emperra en recordar con precisión aquellos momentos, aquellos días. Pero otra parte, quizás más sabia, me impide revivir todo aquello.
Suplico que me digan que está bien, quiero saber que ha pasado, está muerto?; no nos dicen nada más, no nos pueden decir la verdad. Preguntas desesperadas, gritos, llantos, no consigo recordar el instante preciso, la secuencia de aquellos momentos de angustia infinita. Me recuerdo apoyado contra la pared, me recuerdo dando golpes, llorando en el suelo.. o quizás no? Y qué más? No lo recuerdo. Carme, entre lágrimas, no dice nada, no nos dice qué pasa. Cuánto tiempo pasó? No lo recuerdo...

Nos permiten pasar a la UVI. Nos hacen poner unas viejas batas de color verde.
Allá está David.
Parece dormido. Pero tiene la cabeza vendada y apósitos con sangre a la nariz. Y tubos.

Una médico nos mira en silencio.
-Will he die? -le pregunto, entre lágrimas
- probably- me responde. Sólo un hilo de voz
- very probably?- pregunto, flojito... Y asiente con la cabeza. La mirada triste, la expresión compasiva. Qué pasaba por mi cabeza en aquel momento? no consigo recordarlo...

De hecho, ya no recuerdo nada más con un mínimo de coherencia cronológica. Recuerdo mi dolor de ver a Anni horas y horas seguidas sentada junto al David, mirándolo, cogiéndole la mano, mimándolo, hablando con él, o en silencio. Recuerdo a Carme pidiéndome perdón. Recuerdo los gritos o los silencios al otro lado del teléfono cuando, temblando, llamaba a nuestra gente más querida para dar las terribles noticias. Recuerdo muchos, muchos pequeños detalles que a menudo, muy a menudo me asaltan y me torturan, y que supongo que quedarán por siempre jamás en algún rincón de mi mente o de mi corazón, escondidos, hasta que se mueran conmigo. Y recuerdo también la ternura con la que todo el mundo trató al David y nos trató a nosotros. También esto. Mucha ternura.

Hoy hace dos años estábamos en Budapest. Me ha costado mucho escribir esto. Mi cabeza está a menudo allá, pero hoy.... no sé, a veces pienso que es mejor olvidar y distraerse. Pero, al mismo tiempo, tengo la necesidad casi desesperando de explicar todo aquello, como si hablando encontrara, al fin, la manera de sentir menos dolor, de cerrar la herida.


2ª Carrera en memoria de David




A pesar de la terrible sensación de constatar el motivo por el cual se movilizó y reunió tanta gente alrededor de una carrera en memoria de David, una vez elaboradas las emociones, con los días nos queda la íntima satisfacción de comprobar cuanta gente nos quiere o simplemente se solidariza con nosotros, y que lo que yo necesitaba desesperadamente desde el primer día, que era mantener bien vivo el recuerdo de David, se ha consolidado como una realidada maravillosa; agridulce, pero maravillosa.

Gracies a todos los amigos y familiares, los participantrs, los colaboradores, los voluntariso, las instituciones, los patrocinadores y a todos los presentes que quisieron regalarnos su presencia. Para todos ellos este pequeño recuero de un día inolvidable. Y agradecer especialmente toda la entrega de toda la gente de mi club, CoRReDoRs.CaT, un grupo de una calidad humana, que sobretodo en momentos como estos, me emociona.
http://www.corredors.cat/index.php?topic=3551.0

Me permito transcribir una carta dedicada a David por una maestra de su Escuela, y que me tocó profundamente el corazón.

"Querido David:
El domingo pasado pasado, al despertarme salí al balcón. En aquel momento pasaba la policía motorizada que abría paso a la cursa que trae tu nombre. Todavía no había nadie a la calle, el ambiente estaba muy tranquilo, cuando de pronto empezaron a aparecer los primeros corredores. Iban pasando de uno en uno, en silencio. Acto seguido pasó un grupito más numeroso y después una buena pandilla, pero el silencio no se rompía. Sólo se sentían las pasas y las respiraciones acompañadas de un esfuerzo decidido y valiente que todo lo hace posible. Tras contar 300, entremedias de los corredores vi a tu padre y al cabo de un rato, otra vez, porque ya estaba haciendo la segunda vuelta. Como ya sabes, le gusta muy correr y tuvo esta magnífica idea por tal que no te olvidemos nunca. Pienso que lo ha conseguido. Mientras observaba la carerra desde mi balcón, toda el rato te sentí muy cerca, tú estabas en la mente de todos y también en la mía. Fue como una plegaria muy especial para ti y para tu familia. Un homenaje y un recuerdo precioso. Me impresionó mucho , qye carrera más bonita!
Gracias David, por el amor que nos haces sentir a todos.


Montse Prats"

Hoy es 17 de Mayo. Hace dos años, hoy fue el último día que vi a David con vida consciente. Áquel día cuando desde el autocar, y con una mirada que no olvidaré nunca, me va envió un SMS que decía: "adew"

MAYO


“ El próximo mes de mayo será tu gran mes, David". Cuántas veces repetimos esto a comienzos del 2007. Y es que a aquel mes coincidían la realización de tantos sueños del David que incluso temimos por la imposibilidad de conciliar todas las fechas. Pero, de manera sorprendente, todo iba encajando para que pudiera disfrutar de todo.

Primero, unas colonias en Port Aventura. Por fin una visita a uno de sus queridos parques teméticos con los amigos, en lugar de con los padres, donde poder multiplicar las sensaciones de diversión y autoestima, donde poder hacer gala de todo su coraje. Después, la asistencia al GP de Formula 1 en Montmeló, fruto de un pronto de locura mía cuando muchos meses antes había comprado dos entradas carísimas para que pudiera vivir en directo una de sus incipiente pasiones de adolescente. Pocos días después, el esperado viaje a Hungría con los compañeros, todos mayores que él, de la Escuela de Música. Un viaje muy deseado por él, con un grupo dónde se sentía especialmente cómodo, y del cual estaba orgulloso de formar parte y en el que nosotros, como padres, teníamos muchas esperanzas. Al fin, podría viajar en avión, un íntimo deseo hasta entonces frustrado por la cobardía de su padre. Y finalmente, la gran culminación el 25 de mayo: la Nit Mágica. Una fiesta que se celebra en Sant Quirze cada dos años para despedir a los niños de la educación primaria. Una fiesta que él había vivido siempre intensamente como espectador y que esperaba desde hacía tiempo con pasión.

Hemos pensado a menudo en aquellas palabras, que repetimos en casa una y otra vez, como con una especie de fijación para valorar la maravillosa vida que tenía David . Y, efectivamente, aquel mes de Mayo fue su mes. Porque aparte de cumplir casi todos aquellos sueños, también encontró la muerte.

Tiene un componente premonitorio tan inquietante que a veces me consterna. Pero ahora, quizás más a menudo, me consuela. No puede ser tanta casualidad.

Curiosamente, no llegó a vivir la deseada Nit Mágica. Murió el mismo día en qué se debía celebrar. Dos años antes, yo había encabezado desde el AMPA la iniciativa de volver a realizar una Nit Mágica espectacular, para que mi niño pudiera disfrutar como siempre había deseado. Y mira por dónde, murió aquel día. Justamente.

Desde luego, la fiesta se pospuso unos días. Y me parece que no llevo demasiado bien que finalmente se celebrara unos días después. De hecho, hay hechos, silencios y actitudes que no llevo muy bien y todavía me cuestan de perdonar, lo cual sólo me afecta a mí, lo tengo claro. Pero bueno, quizás hablo algún otro día. Dicen de este espacio de David que es tan bonito, que sólo hay amor y buenos sentimientos, que mejor dejarlo así, por el momento.

El caso es que el mes de Mayo ya vuelve a estar aquí. Y lo temo.

Hoy he visto los primeros nísperos de la temporada...

Nous prendrons le temps de vivre
D'être libres mon amour
Sans projets et sans habitudes
Nous pourrons rêver notre vie

Viens, je suis là, je n'attends que toi
Tout est possible, tout est permis

Viens, écoute, les mots qui vibrent
Ils nous disent la certitude
Que tout peut changer un jour


Sant Quirze, hoy, 3 de mayo del 2009

Quien enseña a quien...



"La gratitud abre la puerta a compartir, a reconocer, a celebrar el valor de lo vivido y la presencia del otro" (Àlex Rovira)

Ya hace un tiempo, Miquel Mora nos intentó explicar, con una metáfora, un pensamiento que me quedó muy presente. Nos recordaba aquel día en qué dejamos nuestros niños a las puertas de la escuela, en medio de sus llantos, a sabiendas de que era el mejor por ellos, el lugar dónde empezaba su etapa de formación para la vida. Y ahora, han sido ellos quienes nos han dejado, también en medio de nuestros lloros, para iniciarnos en un verdadero proceso de aprendizaje, también sobre la vida.

Pues bien, hace pocos días, mientras intentaba dormir, me vino de pronto un recuerdo a la mente, y reviví con precisión algunos momentos en los que yo intentaba inculcar al David el valor de la de gratitud ante la pérdida. Una de nuestras aficiones favoritas eran los parques temáticos. Recuerdo que, de pequeño, David siempre encontraba alguna excusa por salir enfadado tras todo un día de diversión a un de estos parques. En realidad, sólo era la rabia y la frustración por no querer aceptar que aquello que ya se había acabado. Yo le recordaba, con poca traza y cierta indignación, que en lugar de ira o lamentos, podía mostrar alegría y gratitud por lo que había tenido oportunidad de vivir. Y con el tiempo, así lo entendió y lo incorporó. No consigo recordar más que risas por parte suya en las últimas estancias que compartimos a estos parques.

Y veo claro que ahora soy yo quienes me he de aplicar esta lección que tan fácilmente transmitía a mi niño. Que fácil es dar lecciones a los demás. En lugar de llorar y amargarme por lo que ya no puedo volver a vivir, por lo que ha pasado y he pérdido, podría más bien sonreír y estar más agradecido por la inmensa fortuna que tenido de poder conocer a mis hijos y poder convivir estos años con ellos.

Este pensamiento me ha producido una cálida sensación de confort interior, y me está ayudando, al fin, a aceptar que los momentos vividos con tanto de gozo ya han pasado y a recordarlos con serenidad y sobre todo, con agradecimiento. En eso estoy.

Ayer hizo dos años de la foto que encabeza este blog y que David nos regaló poco antes de morir. No puedo negar que todavía hay un punto de dolor cuando recuerdo aquel día, pero hoy me siento bien, profundamente agradecido al David por haber sido conmigo 12 maravillosos años; y a mis Annas y a toda la gente que nos estima y rodea por su presencia en el día de hoy.

"Como decía Epicuro 'La gratitud es también la alegría de la memoria o el amor a lo que fue'. Con gratitud no hay espacio por la nostalgia. El pasado tiene sentido, incluso ante la pérdida de aquello tan valioso que la muerte siempre seacaba llevando. Por esto, la gratitud culmina todo proceso de duelo, o mejor, es el elemento alquímico esencial que nos ayuda tirar adelante para superar la pérdida". (Àlex Rovira)

"superar" la muerte de un hijo




Procuro habitualmente ser positivo en este espacio de David. Procuro no quejarme ni hacerme la víctima. Pero hoy necesito decir que todo es una mierda. Y tengo claro que lloro por mí, no por David. Porqué quiero creer que él está bien, esté donde esté, que está mucho mejor que nosotros. Porqué quiero creer que somos alguna cosa más que materia. Me repito que es imposible que nuestra esencia, alma o conciencia sea sólo el resultado de unos procesos bioquímicos. Y por eso le ruego a David que me perdone si de vez en cuando me dejo llevar por mi humanidad de mente limitada y me desahogo, entre la tristeza, la rabia, el resentimiento.

No sé porque, pero vuelvo a añorarlo mucho, de manera insoportable a veces, y a preguntarme porqué nos ha debido pasar esto. La habitación siempre esperando a un niño que ya no volverá, la silla a mesa siempre vacía, su ropa que no se mueve del armario, las tardes cuando no llega a casa, planificar cualquier proyecto de vida sin él, sus gustos y aficiones arrinconados, los recuerdos de momentos y sensaciones tan presentes. Todo era perfecto, todo era para siempre. Tengo la sensación de que cada minuto del día está a mi pensamiento que nos ha dejado por siempre jamás; y a veces, es demasiadas duro. Y sí, claro que decido seguir viviendo y voy encontrando motivos por hacerlo con ilusión y para entretenerme, píldoras de evasión que van perfecto por mantener un cierto bienestar diario y para recibir y dar amor y amistad a quienes me rodean. Pero, de vez en cuando, es que no me sé hacer a la idea. David era tan majo que hay días en los cuales no soporto su ausencia, ni su muerte aparentemente injusta y demasiada prematura. ¿Como puede que se haya muerto mi niño? Añoro tanto los momentos vividos. Soy consciente de que aquel niño ya no sería ahora el que yo recuerdo, y que el pasado siempre es pasado. A veces esto me consuela. Y también me consuela comprobar que, aun cuando la vida es bonita, también es dolor y sufrimiento y que al menos él, se la ha ahorrado. Pero sólo a veces. Y vuelvo y vuelvo a mi infinita añoranza. Y rabia. Y tristeza. Sigo viviendo con dignidad, procuro aprender a abandonar estos sentimientos que sólo forman parte de la parte más oscura de nuestro ego, de nuestro yo mental, aquel que dicen que nos ancla al pasado por mantener su control sobre nuestra conciencia. Pero hoy, sólo hoy, necesitaba por una vez expresar todos estos sentimientos que también forman parte del día a día.

Y pienso: ¿qué quiere decir superar la muerte de un hijo? Quizás no nos damos cuenta de la crudeza de las palabras. ¿Superar la muerte de un hijo significa recuperar una vida llena y satisfactoria? No nos engañemos, esto trae implícitamente al subconsciente a pensar que dejamos atrás nuestro hijo, a que es como abandonarlo. Y yo no quiero afrontar este dilema perverso. Nadie quiere superar la muerte de un hijo. En todo caso, puedo admitir que la palabra 'superar' no quiere decir lograr una meta, ganar una carrera a la vida. Quiere decir aceptar el vacío. Simplemente esto. Y creo que es esta aceptación la que permite lograr bienestar. Y esta tarde me doy cuenta que esto, ya es mucho.

En fin, hoy es viernes por la tarde, y estoy triste otra vez. Perdonad si hoy no puedo transmitir buenas vibraciones.

El tiempo serena...



Desde hace unos meses, bajo cada martes por la noche en Barcelona por cantar con el Coro Carlit. El primer día sentí un estremecedor escalofrío de dolor. Allá plantado, esperando el semáforo verde para cruzar una gran avenida, los pocos coches a aquellas horas circulando a bastante velocidad, los taxis, la luz artificial del entorno urbano, hostil, podía sentir el espanto de aquella noche en Budapest, ...sólo un segundo, un golpe brutal, mi niño... por qué mi niño? Un rótulo en el asfalto, desgastado ya por falta de mantenimiento, me recordaba que una de cada tres muertes en accidente es peatón, y me heló la sangre.
Hace poco nos han cambiado el local de ensayo. Ironías de la vida, ahora me toca ir cada martes al Conservatorio Municipal de Música. Ante la puerta, décenas de adolescentes acaban ya a aquellas horas de la noche sus estudios y con el instrumento a la espalda, charlan a la calle o enfilan ya hacia casa. Imágenes que me perforan el corazón, por los recuerdos tan presentes, y por los sueños del David, quizás rotos, quién lo sabe...
Aún así, cada martes vuelvo. Y cada martes me enfrento a las grandes avenidas medio adormecidas, y a estudiantes de música que, de manera insistente, me trasladan a mis recuerdos. Y noto que cada vez hace menos daño. Poco a poco me doy cuenta que a base de pasar una y otra vez por los mismos recuerdos, estos se van incorporando y sí, hacen menos dañol. Supongo que de esto se trata cuando dicen aquello que he oído tanto de que hace falta elaborar el dolor y dejarse atravesar por él por poder disfrutar de su contrario.
Por supuesto que cada día, siempre, llegan y llegan nuevos recuerdos y que hay algunos aspectos no resueltos a los que todavía no me atrevo a enfrentarme y que están allá escondidos. Todo llegará. Pero sí, empiezo a experimentar que el tiempo serena; quizás no cura, pero si que templa las emociones. Y lo que ayer era dolor, hoy quizás es una sonrisa interior (expresión de Fanny, que encontré tan acertada).
Y aprendes a convivir con la ausencia, y con los recuerdos. Y está bien que sea así. Me proporciona más paz para vivir cada día, para salir reforzado cuando de vez en cuando vuelven las lágrimas, para seguir aprendiendo a ser más generoso y humilde, e incluso, para disfrutar de esta nueva vida que nos ha tocado vivir, y que dependiendo de mi elección, también puede ser gratificante y satisfactoria.
Muchos días miro las fotos del David, y recuerdo. Y sonrío interiormente. Sí, creo que el tiempo serena…

Eluana: tener que decidir



Estos días he asistido consternado al debate sobre el caso de Eluana Englaro. Por todo lo que ha removido en mi interior y porque no puedo dejar de pensar en su familia y en ella misma. No puedo entender el debate maniqueo entre los defensores de la libertad absoluta del individuo y aquellos que quieren imponer su moral sobre el sacramento de la vida. Me repugna especialmente la utilización política obscena que ha hecho el gobierno de Berlusconi por vender su producto ideológico, siempre maniobrando sin escrúpulos por mantener sus cuotas de poder. Y también el papel del Vaticano (que no se debe confundir con una mayoría de católicos), tan interesado en imponer a todos su moral y al influir como grupo de presión por cambiar las leyes civiles.

Me conmueve sentir profundamente el padecimiento de los padres de Eluana, su dolor por el coma irreversible y posterior muerte de su hija, y teniendo que aguantar, encima, calumnias e insultos provenientes de ciertos medios de comunicación, algunos vinculados al propio Vaticano, hasta el punto de llevar escolta policial. Es abominable.

Nadie es inmune a pasar por el horror de decidir sobre la vida de un hijo, de un ser querido. Y yo creo que este debate se debería afrontar con mucho respeto y contar con las vivencias de quienes lo ha pasado. Creo que haría falta una ley diáfana y sin margen a la ambigüedad, para poder acompañar y orientar a las personas que deben hacer frente a este dilema, teniendo en cuenta las situaciones de dramatismo y de absoluta vulnerabilidad en qué se encuentran. Situaciones en qué algunos nos hemos encontrado.

Como leí en un brillante artículo de Pilar Rahola, hay mucho amor en las dos decisiones: hace falta mucho amor por dejar marchar el ser querido, y también hace falta mucho por retenerlo aquí con vida, aunque ésta sea artificial. Por lo tanto no valen los juicios de terceros. Sólo sensibilidad e información.

Y leo conmovido que en España una ley del 2002 permite a los tutores legales de una persona en situación de coma irreversible decidir sobre si se mantiene la vida artificial. En Hungría nos dijeron que no podíamos decidir, que la desconexión no estaba permitida. En España nos dijeron que no podíamos decidir, que la desconexión era obligada e inminente. Visto con la perspectiva del tiempo me parece un espanto este trato. Y me surgen dudas terribles. Y tengo la sensación de que hubo una absoluta carencia de sensibilidad y que la herida causada todavía hace mucho daño. ¿Fuimos manipulados por poder aprovechar los órganos? ¿No habría podido tener algo más de tiempos por pensármelo? ¿No lo podía haber acompañado en los últimos instantes? ¿Sufría David?

Y suerte, suerte que no hubo presión mediática o externa.

Descansa en paz, al fin, Eluana.

Seguir haciendo años



Hacía días que tenía algo abandonado el blog, este espacio que me ha servido de refugio, dónde he ubicado mi nueva vivencia con David. Confieso que esto me está provocando una cierta desazón. Pero quizás necesitaba algo de silencio, aun cuando todavía tengo muchas cosas por decir. Alguien a quienes me gusta escuchar me sugirió que debo confiar más en mi inteligencia inconsciente, aquella que se está encargando de dosificar el dolor que puedo ir asumiendo. Y quizás ahora me doy cuenta que debo permitirme alejarme más de la dependencia de los estímulos exteriores (aun cuando son igualmente válidos en sí mismos y los necesito como nunca) y mirar el duelo desde una perspectiva más interna; y esto es doloroso, por eso lo hago poco a poco.

Quizás por esto han sido días de sentimientos más duros. Hace más de 20 meses que David murió, pero este hecho continúa siendo el centro absoluto de mis pensamientos y de mis emociones. Aquí a casa, y sobre todo dentro de mi corazón, la herida está bien abierta, todo y la elaboración del duelo, de las vivencias y los recuerdos. Y tengo la sensación de que a nuestro entorno se tiene el legítimo interés a empezar a mirar adelante, a considerar que ya ha pasado lo suficiente tiempo para empezar a pensar que ya hay suficiente de tanto dolor. Quizás no, quizás sólo es mi percepción motivada por este silencio mío voluntario. O quizás por algunos detalles aislados que me han hecho daño.

Pero hoy es el cumpleaños de Anna y curiosamente estos últimos días han surgido nuevamente voces que nos dan aliento, que no se olvidan de nosotros, que nos invitan a seguir viviendo esta nueva vida que tenemos. Y me han obligado a tener bien presente que son muchos los que han decidido acompañarnos, compartiendo tanto las nuevas alegrías que van llegando como la tristeza que inevitablemente y a menudo continúa por aquí. Y sobretodo, para mantener vivo POR SIEMPRE JAMÁS el recuerdo del David.

Hoy Anna hace 11 años. Y estoy bien. Hoy es un día alegre, y es emocionante ver cómo crece feliz, y SIGUE HACIENDO AÑOS. Es maravilloso ver como los niños viven tan alineados con el presente, como para ellos la vida es un discurrir excitante y dichoso de los días, e incluso cuando la adversidad los toca de cerca, parece que, en su fragilidad, todavía se concentren más en el momento presente. Creo que Anna lo está viviendo así. Ha madurado mucho, a la fuerza, pero está más dulce y lúcida que nunca y no ha perdido esta habilidad infantil por vivir cada día con alegría, buscando siempre el perfecto equilibrio.

Hoy me ha explicado muy contenta que David le ha enviado una señal directa y clarísima. Es fantástico.

Muchas felicidades hijita. Eres maravillosa. Te quiero y es un privilegio tenerte tan cerca.

Anni

Miro esta foto a menudo. Cada día, de hecho. Y me invade una profunda tristeza. Hace tiempo que necesitaba escribir de Anni, pero me cuesta hacerlo sin temblar. Estoy convencido de que el sentimiento de dolor por la pérdida de un hijo es completamente intransferible y que nadie que no lo haya pasado puede imaginar el que supone. Y por esto mismo, yo no puedo saber que se siente cuando una niña de sólo ocho años pierde su madre sin ninguna explicación, sin ni siquiera poderse despedir. Qué puede sentir una niña pequeña cuando un día y de pronto, su madre, la persona más importante de su vida en aquel momento, ya no está en casa y nadie es capaz de explicarle dónde ha ido. Ni siquiera la puede ubicar al cielo.

Dicen de Anna Maria, la madre de Anni, que antes de caer enferma, era una mujer creativa y una artista brillante, que hacía sentirse amados a quienes la rodeaban, especialmente los niños, a los cuales escuchaba con interés y a quien dedicaba buena parte de su imaginación y tiempo. Que siempre daba abrazos y besos y que lucía una eterna sonrisa.

Seguramente esta es la mejor herencia que Anni recibió de su madre y de ahí viene la sorprendente complicidad que Anni tenía con David. No dejaba de sorprenderme su relación, cargada de confianza mutua. Anni siempre compartía con interés sincero la inacabable creatividad del David, y escuchaba con infinita paciencia la también infinita palabrería que sólo largaba en casa, al abrigo de la tierna atención de su madre; historias llenas de dulce fantasía, así como sus primeras e inocentes inquietudes existenciales, a los cuales sólo Anni sabía dar una serena respuesta.

Me pregunto qué más puede sufrir una persona. Perder en una misma vida las personas con quienes estableces los lazos más determinantes para una cierta estabilidad emocional: tu madre cuando eres pequeña, y tu hijo, cuando es pequeño.

Pese de todo, Anni ha sabido desarrollar mecanismos por hacer frente a la vida con optimismo y necesita, como el aire que respira, repartir continuamente amor, alegría y confianza, pasando de los juicios ignorantes de quien cree saber y no sabe nada. Es como un imán que proporciona inagotable energía, y yo no sé qué habría estado de Anna y de mí sin ella.

Y creo que es sabia, muy sabia. Bajo una apariencia un poco caótica, propia de quien ha estado carente de referentes claros en la niñez, y que le ha proporcionado algunos disgustos de quienes no lo sabe o no lo quiere percibir con una cierta sensibilidad, se esconde una fuente continua de pensamientos positivos y de sentimientos puros, de aquellos que son los realmente esenciales a la vida. Yo no dejo de aprender de ella y de encontrar la fuerza por sobrevivir.
Y creo también que sólo yo puedo realmente percibir el inmenso dolor que sufre Anni, por el duelo por un hijo, y por el duelo que no le permitieron elaborar por su madre; un dolor que me rompe el corazón. Aun cuando siempre se esfuerza, por Anna y por mí, a mantener alto el estado de ánimo, de vez en cuando, dentro la intimidad de casa, no lo puede disimular.
Te quiero mucho, Anni. Te quiero como eres.

Dates assenyalades


Ha acabat ja el Nadal, i amb ell, aquella temença al dolor que precedeix les dates assenyalades. Una mica absurd, crec, perquè de seguida que acaben unes, sempre trobem motius per témer les següents que s’acosten.

I fem balanç d’aquest Nadal, i decidim que hem estat prou bé. No ha estat un Nadal alegre, és evident, però sí que hem trobat molta pau, la qual cosa ara és el més s’acosta al que coneixem, de manera abstracta, com felicitat. Sí, molta pau, molta serenor, fent pinya i aportant-nos tots tres molta tendresa i benestar.

I la clau ha estat reinventar el Nadal. Cada cop tinc més clar que pretendre recuperar el passat, el mateix que fèiem, és el més dolorós i l’enyorança punyent sempre guanya la batalla. En canvi, acceptar que tenim una vida nova i actuar en conseqüència ens ajuda a trobar aquesta pau tan desitjada. En aquest sentit, ha estat vital que l’Anna petita s’avingués a tots aquests canvis. Ho ha fet amb dolçor i crec que va entenent que és el millor per a tots, fins i tot per a ella. Ha hagut de renunciar al que estava acostumada, però a canvi, ha guanyat veure els seus pares tranquils i feliços a casa, i això es transmet, es capta i es viu a l’ambient. I què més pot desitjar una nena?

Els dies més assenyalats vam marxar fora, a refugiar-nos a un petit poble costaner de França prop de Sète. Mai no havíem marxat per Nadal i vam estar molt bé, mimant l’Anna, que estava radiant, i mimant-nos nosaltres. La resta de dies, també vam saber trobar els espais i les activitats més adients per mantenir les emocions atemperades i el cor reconfortat.

Això sí, també ha ajudat l'acceptació per part de la família. I encara més, les nombroses mostres d'afecte i suport que hem rebut al nostre petit i solitari refugi i que ens mantenien connectats amb tot allò i tots aquells que estimem. A tots, el nostre més profund i sentit agraïment.

Només la nit de Reis ens vam sentir molt fotuts. I és que aquesta nit és difícil de reinventar i de sortir-se del guió. L’Anna es mereixia la il•lusió de sempre així com el nostre esforç per donar-li. I així va ser, malgrat tot.

I més dates assenyalades. AVUI ÉS L’ANIVERSARI DEL DAVID, AVUI FA 14 ANYS QUE VA NÉIXER. VA SER UN DIA GRAN, UN DIA DE FELICITAT, UN IMMENS REGAL PER SEMPRE MÉS. FELICITATS, DAVID.